Mecato

Ayer que caminaba para ir a comprar mecato me encontré con una mujer sentada en un andén y que se lamentaba, gritaba y lloraba al tiempo. Era un llanto unido a gritos ininteligibles y ocasionado, creo, por la señora bien vestida que estaba al frente de ella, y que debió hacer o decir algo que la humilló. “Ustedes los ricos”, le alcancé a entender a la mujer ahogada en lágrimas.

La señora bien vestida se alejó al verme acercar, tal vez apenada de ser vista como la causante de todo (quién sabe si hizo algo malo, quién sabe si no). El niño de la mujer que lloraba, de unos seis o siete años, saltaba los andenes jugando, como si no pasara nada. Yo pasé de largo, como si no fuera conmigo.

Cuando regresé por la cuadra la mujer seguía llorando a gritos, ahora compañada por dos policías que seguro habían sido llamados por alguno de mis vecinos. La señora bien vestida ya no estaba. La mujer estaba ahora de pie, alejándose de la cuadra, y uno de los policías se bajó de la moto y se acercó a decirle cosas. Fue entonces cuando el hijo de la señora se paró entre ambos y le dijo que no tenía por qué hacer lo que hacía.