Los hermanos

Luego de años de conciencia ya deberíamos saber quiénes somos y cómo actuamos con respecto a ciertas situaciones. Ya sabemos qué pedimos como plato final antes de ser ejecutados, ya sabemos qué tonterías nos exasperan, y ya sabemos dónde es que nos dan más cosquillas.

Sin embargo hay escenarios especiales que no se dieron antes en la vida o que por su misma fuerza y condición repentina no dan tiempo de pensar, revelando entonces una serie de respuestas que no sabíamos que andaban por ahí dentro. Ante un robo a mano armada, por ejemplo, hay el que se queda inmóvil e incapaz de actuar ante ello; y hay el que arriesga todo tratando de impedir lo que pasa en frente suyo.

Tengo otros dos ejemplos. Ayer vi la foto de un joven sacando de los escombros a su hermana menor. Ella se aferra a él, él parece llorar. No es difícil conmoverse con la escena, que le grita a uno el vínculo y la ansiedad con que ambos se estrechan. No debe haber existido fuerza o muro que detuviera a ese joven en su afan de buscarla, y tal vez antes de la situación él no se conocía así.

Hace unos días una persona dijo en twitter que hasta ahora entendía lo que significaba que el alma le volviera al cuerpo, al parecer por la situación de salud de un hijo. Yo pienso en la posibilidad de que algo le pase a mis hermanos y me deshago por dentro, y apenas si logro imaginar lo que significa que un hijo esté en riesgo. Quizás esa persona ha descubierto algo de ella en torno a su familia que ni siquiera podía entenderse antes.

Estos son escenarios especiales, historias que nos alimentan la incógnita sobre cómo seríamos nosotros en circunstancias similares. Pero esta lógica no requiere siempre de escombros o asuntos de salud familiar. Sin demeritar la importancia de los casos nombrados, la verdad es que en el día a día existen muchas situaciones en que como digo nos revelamos a nosotros mismos. Todos los días adquirimos conocimiento sobre quiénes somos, todos los días sorteamos algo que no creíamos posible y descubrimos algo bueno que no sabíamos que estaba ahí.

Y todos los días volvemos a fallar. No damos la talla con lo exigido y nos encontramos vencidos por aspectos que ni siquiera son nuevos. No debe ser razón de verguenza. Entonces debemos mirar la foto de los hermanos. Debemos poner la escena de la película donde el soldado arriesga su vida al volver por su compañero. Hay que regresar.