El viernes pasado a las ocho de la noche me quedé atascado en el elevador al que me monté con M. El ascensor se detuvo, los números dejaron de iluminarse en la pantalla guía del mismo, y en su lugar se vió una figura parecida a una tortuga (que después de cinco minutos logré ver como un teléfono en rojo).
M de inmediato oprimió el botón para comunicarse con la portería del edificio y pidió ayuda. Dijo a quién le contestó que el ascensor se había quedado detenido, que no sabía en qué piso estábamos y que “muy peye”.
PRIMERA NOTA SOBRE QUEDARSE ATASCADO EN UN ASCENSOR: Aún no sé que botón oprimió M para comunicarse. Dudo aún que yo le hubiese hallado tan fácil. La próxima vez que se monte en un ascensor con alguien pregunte “medioenbroma” cuál es el botón para comunicarse en caso de emergencia. Si se le rien, diga que claro, que usted sabía, que era molestando.
Si no hay botón para comunicarse, paila.
Uno nunca cree que le va a pasar eso. Entonces uno se ríe un poco y hace un par de alusiones a cómo es algo que contarle a los nietos. Gran parte del tiempo es hasta divertido. Pero por ratos uno se paniquea.
Claro, como M se puso algo nerviosa no podía enterarse que yo lo estaba. Se supone que uno la calme y la haga sentir más tranquila, no que uno le recuerde el pensamiento más recurrente en esos momentos:
SEGUNDA NOTA SOBRE QUEDARSE ATASCADO EN UN ASCENSOR: A uno si se le quedan en la cabeza las diez mil imágenes de películas y series de Tv en las que un ascensor se descuelga por completo y cae hasta el fondo para estallar. Yo no sé si eso suela suceder a menudo; pero es lo primero en que se piensa.
El elevador tenía un sistema de ventilación muy potente. Desde arriba llegaba una corriente de aire que evitaba el calor y brindaba la percepción que por aire no habría problema. Con todo, cuando hubo pasado más de quince minutos comencé a sentirme algo ahogado.
Nos sentamos en el piso y comencé a decirle cosas que hicieran sentir a M menos nerviosa. Que no, que el ascensor no se cae -“¿pucha, será que sí?”-, que no seremos como el hombre que pasó 72 horas encerrado en uno y quedó traumatizado, y que al menos estábamos juntos.
TERCERA NOTA SOBRE QUEDARSE ATASCADO EN UN ASCENSOR: La compañía importa mucho. Sin M se hubiese hecho mucho más largo.
Una vez la voz del intercomunicador dijo que habían llamado al técnico porque no pudieron abrirle desde fuera, se supo que la espera sería más prolongada. Hicimos un par de bromas. Al oir la gente afuera del ascensor, en un piso que no conocíamos cual era, gritábamos “!Ayuda!” o “!Help!”, con más burla que seriedad.
Por un par de minutos pensé que hacer en caso que el elevador se cayera. ¿Poner las manos y los pies sobre las paredes y no tocar el piso en tanto se cae? Parecía razonable. No le diría a M para no angustiarla, pero si se descolgaba me ponía así y la cargaba (M es muy delgada, así ella diga que no).
CUARTA NOTA SOBRE QUEDARSE ATASCADO EN UN ELEVADOR: Es agradable subirse a un ascensor con un espejo grande en frente. Pero si te quedás en él por mucho tiempo con tu novia, corrés el riesgo de oir muchas veces cuan gorda está. No importa que cuando ella se dijera “gorda” se viera más esbelta que la gran mayoría de personas en sus mejores días.
El técnico llegó. Pocos sonidos nos advirtieron, así que vimos de súbito la puerta abrirse. El elevador estaba entre dos pisos, así que haló a M y luego a mí, para que pudiésemos salir de allí. Respiramos profundo, sin duda.
Hasta ahora pienso en la posibilidad que el ascensor se detuviera en una posición que no nos dejase salir. Luego nos enteramos que debieron llamar más técnicos, así que pudo demorarse más el estar allí.
QUINTA NOTA SOBRE QUEDARSE ATASCADO EN UN ELEVADOR: Mire pá todo lado dondequiera que esté ahora.
Respire.
Camine un poco.
Recuerde llevar algo de comer en los bolsillos.